Si me sigues desde hace un tiempo, sabrás que vivo en Inglaterra. Aunque me encantan muchas cosas de aquí, el invierno definitivamente no es una de ellas. No tanto por el frío, sino por la falta de luz.
Para sobrellevar los días grises, me dedico a hornear y así nació este Mont Blanc, un postre que siempre se roba todas las miradas cuando invitamos amigos a casa. No es demasiado dulce ni pesado, a pesar de las castañas, y es perfecto para disfrutar en invierno.
La receta es bastante sencilla: una base de almendras, una crema que se congela y luego se glasea y se decora. Si quieren, pueden agregar un toque extra con merengues.
Hablando de merengues, tuve que ajustar la receta desde que me mudé a Cambridge, que es muy húmedo. Los merengues son muy sensibles a la humedad, así que esta versión está adaptada para climas húmedos y funciona genial donde el clima no coopera.